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Reino Unido es uno de los países europeos que más importaciones realiza no sólo de productos finales, sino también de partes y componentes para la producción y montaje. La situación política actual ante el posible Brexit está poniendo nerviosos a varios líderes del mundo empresarial.

Posibles cambios por delante:

Las empresas en Gran Bretaña y en gran parte de la Unión Europea han estado optimizando sus cadenas de suministro continuamente y abriendo fronteras. No obstante, en el caso de un Brexit sin un acuerdo comercial preferencial establecido, estas fronteras podrían cerrarse.

Anualmente, decenas de miles de contenedores que transportan diversas mercancías se envían y se reciben del Reino Unido.  Sin embargo, si Gran Bretaña dejara de pertenecer a la UE y abandona la unión aduanera, tanto los importadores como los exportadores se verían obligados a completar hasta 9 documentos adicionales, por lo que los controles aduaneros se convertirían en un proceso más largo y tedioso. Más importante aún es el incremento de impuestos (derechos de importación, IVA e impuestos especiales) que los fabricantes deberán pagar, dependiendo del tipo de bienes.

Después del Brexit, por ejemplo, los barcos que navegan a Rotterdam desde Gran Bretaña ya no podrán pasar por el carril para el despacho de aduanas, sino que serán desviados a otro carril reservado para embarcaciones llamadas de “terceros países” que no forman parte de la Unión Europea y se verán sometidos a exhaustivas inspecciones. Tras el Brexit, la carga de inspección aduanera podría ser enorme y miles de contenedores tendrían que pasar cada día la aduana.

Esto tiene un impacto importante en las empresas que esperan a que lleguen los productos y piezas para una mayor producción, y algunos fabricantes han comenzado a prepararse tratando de crear existencias, lo cual hace que sus costos se vean incrementados. Las cadenas de suministro son complejas. Por ejemplo, una pieza de metal puede fabricarse en Alemania y luego procesarse en el Reino Unido antes de ensamblarse en el producto final en Francia. Los impuestos y los derechos de aduana cambiarían toda la estructura de costos de esta red, lo cual haría cambiar la situación de varias compañías del sector.

El impacto en los fabricantes de automóviles:

Si nos centramos en la industria automotriz para analizar el impacto real, resulta evidente que el sector automoción juega un papel muy importante en el Reino Unido: En 2016, se fabricarón en el país 1,8 millones de vehículos allí y la industria proporcionó 856.000 empleos, de los cuales 186.000 se encontraban en las líneas de ensamblaje. A través de una sola planta, el fabricante de automóviles puede entregar hasta medio millón de vehículos al año, lo cual supone un tercio de la producción total del país. Sin embargo, el mercado británico no es lo suficientemente grande como para poder justificar el tener tantas instalaciones de producción allí, por lo que los automóviles, una vez finalizados, se envían de regreso a los países de la Unión Europea.

En el pasado, el hecho de enviar automóviles finalizados, productos o piezas de ida y vuelta no suponía un problema para la industria automotriz británica, pero en un escenario de un Brexit sin un acuerdo claro, las compañías se verían obligadas a pagar impuestos no solo por las partes exportadas, sino también por aquellas que se importen, lo que se traduciría en un aumento considerable de los costos. 

Pero no solo eso, la industria también resulta vulnerable debido a su enfoque de fabricación justo a tiempo en los países europeos, debido a los controles personalizados que consumen mucho tiempo y las posibles interrupciones relacionadas con la introducción de un nuevo régimen comercial, es posible que las empresas no puedan entregar las cantidades requeridas de piezas a tiempo a las diferentes plantas. La producción just-in-time supone que la mayoría de las piezas llegan con el tiempo justo para ensamblarse. Detener las líneas de ensamblaje por el hecho de que un camión sea “atascado” en la aduana no es una opción, sobre todo debido a los elevados costes fijos en la planta.

Entonces, ¿qué opciones hay? El almacenamiento es una posibilidad, pero tiene la desventaja ya que vincula el capital de la empresa. Para los fabricantes, esto puede obstaculizar las decisiones de desarrollo empresarial si no tienen suficiente efectivo disponible. Además, hay otros factores a tener en cuenta al pensar en el almacenamiento. El tamaño de los componentes puede ser grande. Cuanto más activos tiene una empresa, más espacio necesita. Como tal, los fabricantes del Reino Unido no tendrán suficiente capacidad de almacenamiento para garantizar una producción sin problemas después del Brexit. El espacio comercial temporal se puede alquilar pero se cobra por metro cuadrado. Además del coste que supone el control de inventario y auditorías, y la mano de obra adicional para trabajar en el almacén, y otros costes que hacen que el almacenamiento no sea la mejor opción.

Por lo tanto, en el caso de un Brexit sin acuerdo, decidir qué hacer no es una decisión fácil para los fabricantes. Para evitar la interrupción de la cadena de suministro en toda Europa, que podría continuar durante semanas como resultado del Brexit, la solución es planificar y prepararse para diferentes escenarios.

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  • noviembre 26, 2019
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